No estaba muerta, en verso
VARIACIÓN SOBRE UN POEMA DE YEHUDA AMICHAI
Sergio Mansilla Torres
¿Cómo es ser mujer? ¿Esa cavidad, tu vientre
donde nada el rocío? ¿Cómo es tener senos
y leche y el viento jugando con tu falda?
Y esas nalgas que son como dos horizontes.
¿Cómo es tener esa voz que acaricia
en la oscuridad, cuando arde el fuego
en los cuerpos, cuando se detiene el arco iris
en la mismísima sombra de los cuerpos?
¿Cómo es desnudarse desde tu cintura? ¿Qué es
esa sangre entre tus piernas, de dónde, hacia
qué mar, por qué tiene color de flores?
¿Cómo es amarme? ¿Cómo es quedar
ese olor mío en ti?
Un poco siendo el uno en el otro; un poco
mirada vertiginosa,
ciega,
caracol de un relámpago que sueña.
El mérito está en el tono cándido y asombrado de la pregunta, en la irrevocable simplicidad de las imágenes (¿habrá curiosidad más honesta?). El arcoíris de la tercera estrofa estuvo a punto de no caber en ese verso, pero se equilibra con la sombra corporal del verso siguiente. Claro que me hubiera gustado una conclusión definitiva (un mucho en lugar de un poco, la muerte antes que el sueño)... Ahora tenemos que buscar el poema de Yehuda Amichai. Deseémonos suerte.
2. Perdido en un estante de El Sótano, apareció, ayer también, el libro de Carilda que tanto había buscado. Se llama Discurso de Eva. El hallazgo fue casi inverosímil, considerando que la oferta lírica de la librería en cuestión es limitada y que una obra sinvergüenza de Ignacio Rodríguez Galván me quitaba visibilidad. La cosa es que lo tengo. Inauguro oficialmente, una vez más, uno de esos períodos carildos en espiral, y pongo aquí un soneto de 1955 que no había tenido el gusto de leer.
TE MANDO AHORA A QUE LO OLVIDES TODO
Carilda Oliver Labra
Te mando ahora a que lo olivdes todo:
aquel seno de nata y de ternura,
aquel seno empinándose de un modo
que te pudo servir de tierra dura;
aquel muslo obediente pero fiero,
que venía de sierpes milenarias;
aquel muslo de carne y de me muero
convocado en las tardes solitarias;
aquel gesto al echarme en la locura;
aquel viaje al amor, de mi cintura;
aquel gusto en la piel a lirio extraño,
aquel nombre pequeño bajo el nombre,
aquel pecado de volverte un hombre
en el vicio feliz de hacerme daño.
El tono de este poema me recuerda mi reciente crush con Cuco Sánchez.
Carilda es la diosa absoluta de los últimos versos contundentes. Se mantiene al margen del feminismo para ejercer una feminidad descarada. Eso es lo que más me gusta.
Ojalá Carilda Oliver Labra se llamase Carilda Óliver Labra. Como dato curioso, su madre se llamaba Caridad. Me siento halagada.
3. Mucha correspondencia pendiente, qué feo es tragarse los tuits, me ha dado por grabar lo que sueño mientras manejo hacia la escuela, la poesía que más me gusta se respalda en la sintaxis tenía que ser, qué placer haber visto una puesta en escena decente el fin de semana pasado qué feliz fui, que dice mi jefa que ella es un isótopo la amo. Ya.
Foto: Lolita

















